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Opinión

«Ser papá no es tenerlo todo resuelto, es nunca dejar de luchar por tus hijos:» Chava Santos

*Hoy no les hablo como presidente municipal; les hablo como papá. 

La primera vez que escuché la palabra “papá” salir de una voz tan pequeña y hermosa, algo cambió dentro de mí. No fue solamente una palabra: fue un llamado. En ese instante entendí que mi vida ya no me pertenecía por completo, que alguien confiaría en mí aun en los días en que yo dudara de mí mismo. Comprendí que esto no era un juego ni un sueño; era momento de asumir la responsabilidad más grande y el nombre más bonito de mi vida: papá.

Ser padre no es tener todo resuelto. Es levantarse temprano, salir a trabajar con preocupaciones que nadie conoce y regresar cansado, pero encontrar fuerzas cuando unos brazos pequeños corren a abrazarte. Es decir “estoy bien” aunque por dentro tengas miedo, porque tus hijos necesitan sentir que contigo están seguros.

Hoy pienso en esos papás que salen de casa antes de que amanezca, que comen a deshoras, que usan los mismos zapatos un poco más para que a sus hijos no les falte nada. En quienes se pierden algún momento porque están trabajando, pero llevan todo el día una pregunta en el corazón: “¿Estarán bien mis hijos?”

Tal vez hoy ellos no comprendan tantos sacrificios. Pero un día recordarán aquella mano que los sostuvo, los consejos que alguna vez parecieron regaños y al hombre que, aun cansado, nunca dejó de luchar por ellos.

También pienso en quienes hoy quisieran escuchar una vez más la voz de su padre. En quienes miran una silla vacía, una fotografía o el cielo y darían todo por volver a decir: “Papá, necesito hablar contigo”. Estoy seguro de que los padres que ya partieron siguen viviendo en nuestras costumbres, en nuestros valores y en esa forma de amar que aprendimos de ellos. Desde el cielo, seguramente siguen mirando a sus hijos con orgullo.

A mi hija: gracias por enseñarme que unas manos tan pequeñas pueden sostener todo mi mundo. Quizá no sea un padre perfecto, pero cada día intento ser el hombre que tus ojos creen que soy.

La vida pasa demasiado rápido. Nuestros hijos crecen mientras nosotros pensamos que todavía hay tiempo. Por eso, entre el trabajo, las preocupaciones y las responsabilidades, no olvidemos abrazarlos, escucharlos y decirles cuánto los amamos.

Porque al final no recordarán cuánto dinero llevamos a casa, sino cómo se sentían cuando papá llegaba.

Feliz Día del Padre a quienes están, a quienes luchan en silencio y a quienes hoy nos cuidan desde el cielo.

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