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Opinión

Cuando el rating es la prioridad: Leticia Alamilla Castillo

Hoy, una joven perdió la vida en la Escuela Normal Rural de Panotla. Ese hecho, por sí solo, ya es una tragedia que debería convocar, respeto y humanidad. Sin embargo, para algunos medios de comunicación fue lamentablemente, otra oportunidad de espectáculo.

Mientras una comunidad educativa intentaba asimilar la pérdida, varios periodistas transmitieron en vivo y decidieron convertir el dolor en contenido mediático. Se mostró la llegada del equipo médico forense como si se tratara de una escena de interés público, se narraron detalles innecesarios, se especuló sobre las causas de la muerte y se invitó a la audiencia a “compartir” la transmisión, como si el morbo fuera una forma válida de informar.

No lo es.

Lo ocurrido el día de hoy, no es un es un hecho o error aislado, es el reflejo de una práctica periodística profundamente erosionada, donde la prisa por ganar vistas, “likes” o relevancia en redes sociales ha desplazado principios básicos como el respeto a la dignidad humana, la ética profesional y la empatía.

Transmitir en tiempo real una escena de alguien que perdió la vida, no informa, violenta.

Especular no esclarece, confunde y daña.

Describir detalles sensibles no aporta contexto, revictimiza.

La joven no era un caso, ni un “hecho”, ni un contenido viral. Era una estudiante con nombre, historia, vínculos y sueños. Tiene familia, compañeras, maestras, una comunidad entera que hoy enfrenta el duelo. Cada comentario irresponsable, cada adjetivo innecesario, cada hipótesis lanzada al aire sin sustento, amplifica el dolor y vulnera derechos.

Periodismo responsable

El periodismo tiene una función social clara: informar con responsabilidad, no alimentar el morbo. Y cuando se trata de muertes, especialmente de personas jóvenes y en entornos educativos, la obligación ética es, aún, mayor. Existen guías, recomendaciones y principios ampliamente difundidos sobre la cobertura responsable de estos hechos. Ignorarlos de manera consciente, no es desconocimiento, es negligencia profesional que revictimiza.

Lo que observe esta mañana en diversas coberturas de medios y que ahora me sirven de referencia para analizar y poner sobre la mesa esta problemática, me hizo pensar que es preocupante el papel de periodistas que, con celular en mano, asumieron el rol de jueces, peritos o investigadores, sin información confirmada y sin consideración alguna por las consecuencias de sus palabras. La ética periodística no se suspende porque haya una cámara encendida.

Hay que tener claro que el día de hoy no solo se perdió una vida de una estudiante.

Hoy también se perdió, en algunos espacios mediáticos, la oportunidad de ejercer un periodismo humano, sensible y profesional.

Un periodismo con responsabilidad social

Poner esto sobre la mesa, no es censura ni ataque a la libertad de expresión. Es una exigencia legítima de responsabilidad social. Porque comunicar implica poder, y el poder sin ética se convierte en violencia directa hacia una persona que ya no puede defenderse por si misma.

Ojalá esta tragedia nos obligue a una reflexión profunda:

¿qué estamos dispuestos a sacrificar por una transmisión en vivo?

¿en qué momento dejamos de informar para empezar a dañar?

¿qué tan capacitadas/os estamos para usar un medio e informar de manera ética y responsable?

Las evidencias quedan ahí, para revisar con una mirada desde el respeto a la dignidad humana, esas narrativas tan irrespetuosas, porque a eso no le podemos denominar periodismo, eso es violencia mediática.

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