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Opinión

Trauma bonding; la paradoja del vínculo que se fortalece con el daño: Dr. Alejandro Di Grazia

Hay relaciones que desde afuera parecen incomprensibles. Alguien lastima, humilla, controla, traiciona o agrede y, sin embargo, la persona que recibe ese daño permanece, regresa o incluso siente que cada vez le resulta más difícil separarse. Entonces aparecen las preguntas: “¿por qué no se va?”, “¿cómo puede seguir queriéndolo?”, “¿qué necesita para darse cuenta?”. Quizá el error comienza precisamente ahí: suponemos que cuanto mayor es el daño, más sencillo debería resultar alejarse. Psicológicamente, no siempre funciona así.

Se ha popularizado el término trauma bonding para describir vínculos intensos que pueden desarrollarse en relaciones donde existen daño, desequilibrio de poder y periodos intermitentes de afecto o reconciliación. No significa que cualquier relación conflictiva produzca este fenómeno ni constituye una explicación universal para quien permanece en una relación dañina. Pero permite comprender una paradoja importante: algunas dinámicas de sufrimiento y alivio pueden aumentar el apego en lugar de debilitarlo.

El ciclo suele ser emocionalmente poderoso. Después de la tensión llega el daño. Después pueden aparecer arrepentimiento, disculpas, promesas, ternura o una etapa extraordinariamente afectuosa. Quien sufrió experimenta entonces alivio y recupera la esperanza: “ahora sí entendió”, “esta vez será diferente”, “volvió a ser la persona de la que me enamoré”. El problema es que cuando el daño reaparece, la persona no solamente recuerda el sufrimiento; también espera nuevamente el alivio.

Por eso, desde afuera vemos principalmente aquello que lastima, mientras quien está dentro también experimenta los momentos buenos. Y esos momentos pueden adquirir un enorme valor emocional precisamente porque aparecen después del dolor. No se trata simplemente de “gustarle sufrir” ni necesariamente de falta de carácter. En algunos vínculos, miedo, afecto, dependencia, culpa, esperanza y necesidad de reparación terminan entrelazándose hasta hacer muy difícil distinguir entre amar a una persona y esperar desesperadamente que vuelva a convertirse en quien alguna vez pareció ser.

También debemos tener cuidado con una idea peligrosa: creer que si alguien permanece es porque lo permite. Salir de una relación dañina puede involucrar mucho más que una decisión sentimental. Pueden existir dependencia económica, hijos, aislamiento, amenazas, miedo, vergüenza, pérdida de redes de apoyo o temor a lo que sucederá después. Preguntar “¿por qué no te vas?” puede terminar colocando sobre quien sufre una responsabilidad que corresponde a quien ejerce el daño.

Hay además algo que suele confundirse con el amor: la intensidad. Una relación atravesada por rupturas, reconciliaciones, miedo, pasión, promesas y crisis puede sentirse extraordinariamente intensa. Después de vivir durante mucho tiempo en esa montaña rusa emocional, la tranquilidad incluso puede parecer extraña. Pero una relación intensa no necesariamente es una relación profunda. La ansiedad no es pasión, el alivio no es seguridad y reconciliarse repetidamente tampoco demuestra que una relación sea más fuerte.

Comprender estos vínculos tampoco significa colocar una etiqueta sobre cada pareja que discute o atraviesa dificultades. Las relaciones saludables también tienen conflictos, errores y momentos dolorosos. La diferencia está en observar qué sucede con el daño: si puede reconocerse, repararse y modificarse o si se convierte en un patrón repetitivo donde cada herida termina seguida de una nueva promesa que prepara el siguiente ciclo. El cambio verdadero se reconoce menos por lo que alguien promete después de lastimar y más por lo que deja de repetir.

Tal vez por eso algunas de las relaciones que más daño producen son también algunas de las que más cuesta abandonar. Y antes de juzgar a quien permanece, convendría comprender qué está intentando recuperar cada vez que vuelve. Pero para quien vive atrapado en ese ciclo existe una pregunta todavía más difícil: ¿extrañas realmente a esa persona… o sigues esperando que algún día regrese definitivamente aquella versión suya que aparece justo después de hacerte daño?

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