La renuncia de Guadalupe Taddei Zavala no devuelve, por sí sola, la credibilidad al Instituto Nacional Electoral. Su salida debe concretarse, pero las investigaciones deben continuar y las responsabilidades deben esclarecerse. Pero el problema va más allá de una persona, pues está en riesgo la independencia de la institución encargada de garantizar que los ciudadanos decidan quién gobierna.
Porque cambiar a quien ocupa la presidencia sirve de poco si se conserva la pretensión de controlar al árbitro. Esa es nuestra advertencia desde Acción Nacional, ya que Morena seguramente aprovechará el relevo para colocar a un nuevo alfil y mantener influencia sobre la conducción electoral.
Debemos impedir que una crisis de credibilidad termine convertida en una oportunidad para profundizar la subordinación del instituto.
México necesita una presidencia del INE capaz de actuar con independencia frente al gobierno, los partidos y los intereses económicos. Quien asuma esa responsabilidad deberá ofrecer garantías públicas de experiencia, integridad y autonomía.
Las elecciones de 2027 exigen una autoridad cuya actuación pueda resistir el escrutinio ciudadano.
Los señalamientos sobre posibles conflictos de interés y contrataciones irregulares alrededor de Taddei demandan respuestas documentadas. La investigación de la Auditoría Superior de la Federación debe desarrollarse sin interferencias, preservar las pruebas y determinar si existieron responsabilidades administrativas o de otra naturaleza.
Taddei ha rechazado las acusaciones. Tiene derecho a defenderse y las autoridades tienen la obligación de investigar. Lo inadmisible sería que su eventual salida clausurara las pesquisas o sirviera para presentar como resuelto un problema que exige explicaciones.
La renuncia no es una absolución y tampoco puede ser el precio para comprar silencio.
Morena debe asumir su responsabilidad política. Andrés Manuel López Obrador celebró la llegada de Taddei a la presidencia del instituto. Quienes respaldaron su perfil deben responder por ese respaldo y explicar qué garantías de independencia exigirán ahora a quien pretenda sustituirla.
Su designación ocurrió mediante insaculación en la Cámara de Diputados. Reconocer ese procedimiento constitucional no impide cuestionar los apoyos políticos que recibió ni exigir cuentas por su desempeño.
Lo que sigue será una prueba para el partido gobernante, porque debe demostrar si está dispuesto a respetar una autoridad que pueda ponerle límites o si buscará una presidencia complaciente.
Un gobierno democrático acepta al árbitro incluso cuando sus decisiones le incomodan.
Nuestra exigencia debe traducirse en acciones concretas, porque en el INE se debe esclarecer las contrataciones cuestionadas; publicar los expedientes y criterios de adjudicación, con las reservas estrictamente legales; transparentar los nombramientos; sancionar las irregularidades que se acrediten y fortalecer los controles contra los conflictos de interés.
También exigimos que el relevo se conduzca mediante el procedimiento constitucional aplicable, con escrutinio público sobre la trayectoria, los vínculos y la capacidad de las personas consideradas. La ciudadanía merece conocer quién aspira a cuidar sus votos y qué antecedentes respaldan su independencia.
Desde Acción Nacional defenderemos al personal profesional del instituto y la continuidad de sus tareas. La crisis en su presidencia no debe utilizarse para desacreditar a quienes organizan las elecciones con rigor ni para justificar una intervención política sobre toda la institución.
Nuestros principios nos obligan a defender la dignidad de la persona, el bien común y la libertad política. El voto expresa esa libertad y cuando el poder pretende influir sobre quien debe protegerlo, la respuesta democrática consiste en reforzar los contrapesos y abrir las decisiones al escrutinio social.
En Tlaxcala y en todo México debemos vigilar el relevo. La preocupación seguirá vigente mientras no existan garantías de que la nueva presidencia responderá a la Constitución y a la ciudadanía.
Morena debe entender que ganar elecciones no le otorga el derecho de controlar a quien las organiza.
La salida de Taddei puede abrir una oportunidad para corregir, pero desperdiciarla con otro nombramiento condicionado por lealtades políticas, agravaría la crisis.
La democracia exige una autoridad capaz de decirle “no” al poder. Y ciudadanos dispuestos a defender que pueda hacerlo.
