385 Grados
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Norma esperó y esperó para no perder la oportunidad de despedirse de Tulio Hernández

*Circulo rojo y pueblo despiden al ex gobernador, dicen que lo recordarán por ser un hombre generoso.

385 Grados / Tlaxcala / Constanza A. GUARNEROS / Norma N. una ciudadana tlaxcalteca que forma parte del pueblo, de ese que gobernó Tulio Hernández Gómez, como él lo dijera con “saliva y pulque”, no desaprovechó la oportunidad de darle el último adiós, al político que admiró por su sencilles y por su florido lenguaje.

 Ella, una mujer de cinco décadas, no le importó y se inmiscuyó entre los políticos de abolengo, se mezcló entre el círculo rojo que llegó al homenaje luctuoso que le organizó a Tulio, el Gobierno del Estado en Palacio de Gobierno.

Norma caminaba este domingo por el parque central de Tlaxcala, cuando se percató de la presencia de una carroza, frente a Palacio de Gobierno, una escena inusual.

Y en efecto, como ella lo imaginó, se trataba del cuerpo del exmandatario estatal, Tulio Hernández Gómez, quien gobernó a Tlaxcala en el periodo 1981-1987.

La noticia del fallecimiento del exmandatario se regó como pólvora desde la tarde lluviosa del sábado 16 de septiembre, se fue a los 85 años de edad.

Había perdido la vida, en su modesta casa de Tizatlán, luego de haber ingresado en repetidas ocasiones al hospital del ISSSTE, donde era atendido, porque Tulio, no acumuló riqueza, fue un hombre sencillo, que prefirió donarle a Tlaxcala sus propiedades.

Ya era casi el medio día del domingo, y Norma observó que de la carroza, cuatro hombres descendieron el féretro con los restos mortales del hombre generoso, de quien donó al pueblo, la Casa de Gobierno, hoy Casa Tlaxcala.

Esa que le fue obsequiada como un regalo particular, pero que él prefirió donarla para el uso del gobierno, para el pueblo.

Ya en el interior del Palacio, aguardaban la mandataria Lorena Cuéllar Cisneros e invitados especiales, entre ellos cinco exgobernadores que lo sucedieron en el cargo.

Norma se percató cómo entre intensos aplausos fue recibido el cuerpo de Tulio, como ella lo llama y como lo recuerda su gente, su pueblo.

Pero no pudo seguir el paso, había filtros, las primeras filas eran ocupadas por los exgobernadores, Beatriz Paredes Rangel, José Antonio Álvarez Lima, Alfonso Sánchez Anaya, Mariano González Zarur y Marco Antonio Mena Rodríguez, sí eran ocupadas por la clase política de abolengo.

Y también por Elena, Claudia y Rosita, hijas y esposa de Hernández Gómez.

Atrás de ellas funcionarios. Todos ataviados con elegantes prendas, la mayoría de negro.

Del lado derecho, aguardaba la priista y resiente aspirante al gobierno de México, también ex gobernadora de Tlaxcala, Beatriz Paredes Rangel.

 El actual senador morenista, José Antonio Álvarez Lima, quien siendo priista, impulso las candidaturas comunes en Tlaxcala.

Esas que le abrieron paso a la partidocracia en la entidad, por cierto, muy cuestionadas por Tulio Hernández, cuando parafraseó a pregunta expresa de los periodistas, “tanta democracia, nos partió la madre”, en alusión a la derrota de su partido, el PRI”.

Vestidos de traje y propios para despedirlo, también estuvieron el exmandatario, Alfonso Sánchez Anaya, quien abandonó en 1998 las filas del tricolor, para encabezar la entonces reciente creada candidatura común y llegar a gobernar Tlaxcala, por las siglas del PRD, PT y otros institutos políticos.

Ahí, en el homenaje luctuoso apareció en la escena política, después de siete años, el exgobernador priista, Mariano González Zarur, quien resaltó el gobierno de quien fuera su jefe y amigo.

Pero antes de irse, también controvertido como Tulio, abrió polémica al señalar que se equivocó al impulsar a Marco Mena como su sucesor, “no estaba listo para gobernar y traicionó al PRI”, remató.

Al homenaje también asistió el recién nombrado, Director de la Lotería Nacional y exmandatario estatal, Marco Antonio Mena Rodríguez, quien resaltó el desempeño de Tulio Hernández Gómez.

Sólo que el todavía priista, Marco Mena de manera prudente no quiso responder a los señalamientos directos de González Zarur.

“Estamos aquí para recordar al gobernador Tulio, se le quiere profundamente, no sólo en el ámbito político, lo quiere el pueblo, los ciudadanos”, se concretó a expresar.

Esta vez, el gran ausente fue el exgobernador, Héctor Ortiz Ortiz quien inició su vida política en el PRI, pero quien llegó a gobernar Tlaxcala bajo las siglas del PAN.

LAS DONACIONES

En su intervención la mandataria Lorena Cuéllar Cisneros resaltó la generosidad de Tulio Hernández, al recordar que a penas en el mes de febrero pasado refrendó su amor a Tlaxcala, al donar al Gobierno el ex rancho Santo Domingo Tequixtla, en las cercanías de Calpulalpan.

Hoy, esa propiedad que pertenecía a Tulio, es parte del museo de sitio de la zona arqueológica de Sulpetec.

Ahí también recordó, su impulso por la educación media superior en el estado, fue el creador de los sistemas educativos como el Colegio de Bachilleres (Cobat), los Centros de Bachillerato Tecnológico Industrial y de Servicios (CBTIS) y los Centros de Bachillerato Tecnológico Agropecuario (CBETAS), y su interés por concluir el Tecnológico de Apizaco

LA DESPEDIDA DE NORMA

Y mientras todo esto ocurría, Norma, con una vestimenta contrastante con los demás asistentes, de mezclilla y tenis, esperó paciente para llegar al féretro, ahí ocupó por más de una hora una de esas sillas, de la primera fila, esas que se asignaron minutos antes a la clase política, a los de abolengo.

De hecho, Norma hizo tiempo hasta que despidió a su Tulio, entre aplausos de regreso a la carroza, esa que lo llevó a la ciudad de Puebla para que sus restos fueran incinerados.

Y sí, Norma es una tlaxcalteca de a pie, que cuando veía a Tulio caminar por las calles de la ciudad se acercaba para saludarlo.

“Aunque no se acordaba de mí, pero siempre fue amable, nunca me negó una foto”, rememora con euforia.

“Por eso no me podía perder esta despedida, fue un buen gobernante, sencillo, cercano a su gente, a su pueblo”. Insiste.

Es así como Norma y muchos hombres y mujeres del pueblo, que sin importar tanto abolengo, tanta logística y protocolos y sin vestimentas finas, llegaron al Patio Central de Palacio de Gobierno para despedirse de Tulio, de su Tulio, el gobernador que será recordado como un hombre sencillo, generoso, cercano a su gente, a su pueblo, aquel que como él dijo, gobernó con saliva y pulque.

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