385 Grados
Opinión

Lo que duele no es tu madre, sino la madre que nunca tuviste: Dr. Alejandro Di Grazia

Hay heridas que no provienen de lo que ocurrió, sino de lo que faltó. En la relación con la madre, muchas personas cargan un dolor difícil de nombrar porque no está asociado necesariamente a un evento concreto, sino a una ausencia emocional. No siempre se trata de maltrato evidente o abandono físico. A veces el sufrimiento surge de no haber recibido aquello que se necesitaba: escucha, validación, ternura, protección o presencia afectiva.

Desde la psicología, la figura materna representa uno de los primeros vínculos a través del cual aprendemos a sentirnos seguros, vistos y dignos de amor. Cuando esa experiencia es insuficiente, inconsistente o emocionalmente distante, la herida no siempre se reconoce de inmediato. El niño se adapta, normaliza lo que recibe y continúa creciendo con la idea de que eso era lo posible.

Con el tiempo, muchas personas llegan a la adultez con una sensación persistente de carencia. Buscan aprobación, les cuesta confiar, temen ser abandonadas o experimentan una necesidad intensa de ser reconocidas. No siempre relacionan estas dificultades con la historia materna, pero el vacío emocional sigue presente, influyendo en la forma en que se vinculan consigo mismas y con los demás.

Lo que suele doler no es únicamente la madre real, con sus limitaciones y contradicciones, sino la diferencia entre esa madre y la que se necesitaba. La herida se profundiza cada vez que se espera recibir algo que probablemente no podrá darse. Se mantiene viva la esperanza de que algún día aparezca la escucha, el abrazo o el reconocimiento que nunca llegaron.

Socialmente, existe una fuerte idealización de la maternidad. Se asume que toda madre ama de manera suficiente y que el vínculo materno es naturalmente reparador. Esta visión dificulta reconocer que algunas madres, por su propia historia, sus recursos emocionales o sus circunstancias, no pudieron ofrecer el sostén que sus hijos requerían.

Aceptar esta realidad puede resultar doloroso, pero también liberador. Implica dejar de esperar que el pasado cambie y reconocer que ciertas necesidades quedaron insatisfechas. No para instalarse en el resentimiento, sino para comprender que el dolor tiene una historia y que esa historia merece ser reconocida con honestidad.

Esto no significa negar el amor que pudo existir ni desconocer los esfuerzos realizados. Significa aceptar que amar no siempre equivale a nutrir emocionalmente de la manera que el otro necesita. La comprensión madura permite mirar a la madre real sin idealización, pero también sin negar la herida.

Tal vez la pregunta más importante no sea por qué tu madre no pudo darte lo que necesitabas, sino cuánto tiempo más seguirás esperando que ella repare aquello que hoy te corresponde reconocer y empezar a cuidar en ti mismo.

Related posts

Tlaxcala despierta; sembrar conciencia tras los incendios: Vicente Morales Pérez

admin

El maíz; semilla de identidad y soberanía: Vicente Morales Pérez

admin

«Dinero sucio en México, la realidad que Morena no quiere ver:» Ángelo Gutiérrez

admin

Leave a Comment